Cultura revolucionaria o involutiva?

septiembre 11, 2009

Todo proceso cultural, en el cual se enmarca el desarrollo de un país, debe responder a diversos aspectos que, en su conjunto, deben ser la base de la sociedad que esperan tener en el futuro.

Para desarrollar la cultura de un país, se debe privilegiar la base del respeto y acatamiento de normas de tolerancia, que permitan, que los individuos que conformen la sociedad, se rijan  para su convivencia en comunidad.

Los seres humanos, a través de la historia, han acatado diversas normas de convivencia, prevaleciendo ante todo, principios que se acerquen a su mejor forma de vivir, de producir y de cohabitar con sus semejantes.

Una de las formas más aceptadas es, sin duda alguna, el respeto a sus ideas y convicciones personales, como ley de vida y la de su entorno. En una sociedad sin respeto, no existe el orden y por consiguiente, prevalece la anarquía, lo cual imposibilita la existencia de la sociedad.

El desarrollo de estos principios, se han formado en la historia, por medio de  creencias, que los individuos aceptan como tal, por ser estas, las más cercanas a sus necesidades por mantener un equilibrio interno, así como también, por el grado de aceptación de los otros integrantes de su comunidad.

Como en toda sociedad, siempre han existido diversas creencias y valores que caracterizan al ser humano en su búsqueda interna de su bienestar, a veces, traspasando fronteras individuales y territoriales para lograrlo.

Cuando una visión de sociedad se enmarca en principios de tolerancia y respeto por el otro, cualquier cambio violento de esas creencias, lleva al individuo a una confrontación interna, que sobrepasa los límites de aceptación a dichos cambios, rebelándolo contra la imposición de esas nuevas normas y en su búsqueda natural por el equilibrio, lo lleva a separarse del grupo o a buscar imponer, por cualquier vía posible, lo anteriormente establecido.

Ahora bien, no siempre lo que era aceptado como bueno, realmente lo era. Y muchas de las convicciones y principios eran aceptadas por todos, por ser, en un momento histórico, impuestas por una mayoría circunstancial que dominaba a la sociedad. De allí que, en la historia de la humanidad, hayan surgido personas que defiendan los derechos de aquellos excluidos, como parte esencial de la misma sociedad. Muchas veces, permitidos y alentados por la misma clase dominante para construir nuevas formas de dominación más duraderas y sacar mayor provecho de esos mismos excluidos. En eso se ha convertido la historia de todos los países del mundo, sin excepción alguna. Siempre existirá el explotado para beneficio del explotador, con la diferencia notable de que, un explotado sin derechos es doblemente explotado y un explotador sin conciencia es un tirano.

Como los tiempos cambian y la forma de explotación requiere de una mayor extravagancia en sus métodos de manipulación colectiva, se han visto en la necesidad de, ellos mismos, incorporarse a esa lucha por redescubrir esas formas de manipulación, donde los principios y normas establecidas, amparen, de una manera segura y permanente, las nuevas formas de dominación. De allí, el nacimiento de los llamados sistemas. El Imperialismo, el Comunismo, el Capitalismo, la Monarquía, etc. Todos ellos con sus respectivas desviaciones o variantes, pero siempre con el mismo fin, la dominación de la sociedad para la coexistencia reciproca.

Cada uno de esos sistemas, debe obedecer, para su mayor permanencia como sistema imperante en una sociedad, a las características naturales en donde se establecerá. En países con alta dependencia de sus medios de producción para su existencia, los sistemas plenipotenciarios, como el Comunismo o la Monarquía pueden ser una forma apropiada de gobierno, porque el beneficio del estado se traslada a fortalecer a el estado mismo y no a sus  habitantes, por lo tanto se requiere de una forma de gobierno y de sociedad que no tenga apegos de clases para que su expectativa de vida esté relacionada, directamente, con la riqueza del estado. “Yo, como estado poderoso, controlo y distribuyo los bienes y servicios que se produzcan, sin aceptar criticas ni sugerencias que atenten contra la normalidad institucional del gobierno, siendo calificado como, traidor a la patria, a quien se subleve de este sistema”.

En países donde, por recursos naturales, ubicación geográfica, extensión de territorio y cultura ancestral de sus habitantes, son únicos y privilegiados, un sistema como el comunismo no aplicaría jamás en el concepto de esos habitantes, por una razón muy sencilla, cada individuo de ese país, sabe a conciencia que los derechos de todos a explotar, sabiamente, los recursos que la naturaleza les otorgo, los llevaría a una calidad de vida superior a aquellos que no la poseen y lo que realmente requieren es un sistema que les garantice el derecho a disfrutar de esos recursos en igualdad y en justicia, donde todos participen de los beneficios que el país ofrece, no el gobierno como dueño del estado. Los verdaderos dueños del país, eligen sus autoridades para legislar y proteger sus intereses y no para entregarle, sin condicionamiento alguno, el poder a un solo hombre o grupo político, para administrar la riqueza de todos sin retorno equitativo de las bondades que el país produce. Solo así, se podrían establecer, parámetros permanentes en normas de cultura que los caractericen con el verdadero país que tienen y no con la visión individualizada de quienes pudieran pensar en monopolizar el poder a espaldas de los habitantes de ese país.

En esas condiciones, un líder  que aspire crear nuevos parámetros de cultura, no puede iniciarlo destruyendo las concepciones culturales que han llevado instaladas en ese país por siglos. Ni tampoco pensar que los excluidos son los que tienen la exclusividad del derecho a cambiar las normas culturales. Cambiar todo un sistema, solo con la única visión de proteger a los excluidos de ayer, es otra forma de manipulación y dominación a los mismos excluidos por el estado o peor aún, por el nuevo caudillo. Porque siempre les cobrara, lo que fue su promesa incumplida y el mal agradecimiento que el pueblo le otorgue, será catalogada como traición al líder que ofreció y no cumplió, pero si destruyo lo antes establecido.

En los países sub desarrollados o en vías de desarrollo, es muy frecuente estas luchas por asumir el control absoluto de los medios de producción y de los poderes administrativos a fin de garantizar el control del estado y el de sus habitantes. Normalmente, para favorecer a pequeños grupos aliados a esos procesos con la engañosa promesa de luchar contra la injusticia anterior, manipulan la ignorancia de las masas para lograr sus objetivos y una vez conseguido el objetivo de llegar al poder, los arropa la imperiosa necesidad de perpetuarse en el, como única salida al descalabro socio económico y cultural que han creado.

En su lucha inclemente contra los parámetros culturales que existían anteriormente en esa sociedad, arremeten contra todas las instituciones con el propósito de crear un rechazo general de los antiguos principios, para establecer los nuevos criterios de cultura que el nuevo sistema quiere imponer. Anteponiendo la premisa de que los cambios solo serán posibles por la acción abnegada del líder y su revolución, considerándolo como el único esencial en el éxito del proceso, por ser este, la encarnación física de todo un pueblo y es a él y solo a él, que se le deben rendir todas las atribuciones que se necesiten para coronar el éxito de la revolución.

La historia ha presentado muchos ejemplos en que los lideres que representan esas revoluciones terminan siendo los culpables por las debacles que han producido en sus sociedades. Con culpa o sin ella, las sociedades siempre reclamaran al líder la incompetencia de su gestión, el despilfarro de los recursos y el incumplimiento de las promesas ofrecidas. Pero lo que la historia jamás le perdonara, es la destrucción de sus principios culturales para establecer, a la fuerza, imposición o engaños, nuevos principios basados en el odio y el resentimiento contra la sociedad en general, ya que nunca será la misma y su restablecimiento estará, peligrosamente, confrontada para lograr un nuevo equilibrio.

Todo proceso que aspire, con éxito, su manutención en el tiempo, debe acompañarse del éxito y la eficacia en las medidas que su líder impulse, en torno al proyecto que aspire instalar o que el país en su mayoría, realmente requiera.

 Nunca aspirar el éxito de su cambio, basado en atropellos culturales sobre patrones de  convivencia que, aun sin ser del todo positivos, alcanzaron un grado de aceptación por la sociedad, como muestra de civilidad y armonía por todas las clases sociales existentes en el país, ya que estos cambios, manejados de forma inapropiada, pueden llevar a la división irreconciliable de los ciudadanos, haciendo imposible la instalación de los mismos.

Para culturizar apropiadamente a una sociedad, no se pueden apelar, ni a la ideologización espontanea ni a la imposición legal, como los elementos claves para el éxito de la nueva cultura. Esta debe surgir del convencimiento colectivo de que los cambios, no buscan la sustitución de privilegios de unos, por  privilegiar a otros y que la justicia social debe partir sobre la base de la igualdad de oportunidades para todos por igual, amparados por un sistema jurídico sin complacencias políticas ni retaliaciones retrogradas.

De allí se desprende, que todo proceso de cambio cultural, debe comenzar con el respeto a los principios naturales de coexistencia, con lenguajes que ayuden a concurrir en torno a  él, en la construcción de nuevos sistemas de valores que permitan el desarrollo equilibrado de una sociedad productiva y en armonía con todos los sectores que la integran. Las luchas de clases siempre conducen a confrontaciones inservibles para los países. Solo han servido de atraso y de ruina para los combatientes, donde el único ganador es quien propicio la guerra para asumir el control absoluto de la sociedad.

La construcción de modelos culturales en los países en vías de desarrollo, deben partir sobre la base de inclusión de todos los integrantes de la sociedad y en una clara visión de cómo se verán en el futuro. Si la visión es incorrecta, aparecerán grupos que lucharan por imponer su visión a costa de la visión de otros, presentándose confrontaciones estériles que los alejaran de sus propósitos de bienestar y seguridad. Si la visión es correcta, entonces se requiere de un estado administrador de voluntades para la confección de ese país que anhelan y nunca un estado súper poderoso que atropelle las iniciativas de los que buscan un país mejor. Se podrá vivir en un país con problemas económicos muy fuertes, con limitaciones en servicios básicos de salud y de educación, con déficit habitacional en todos los sectores, pero si todos unidos no buscan el fondo del problema que los creo, no  verán la esperanza al final del camino.

Comencemos con tolerar las disidencias. Aceptemos que tenemos diferencias culturales, raciales, de clero, políticas, que tenemos limitaciones y fortalezas en conocimientos  y en otras áreas. Pero la visión de país que debemos tener, es un país donde todos participemos por igual en la solución de nuestros problemas, establecer normas y patrones de conducta, que preserven el respeto a los derechos de los otros y aprender a vivir y a producir en armonía con el país general.

El respeto por una justicia digna e imparcial es la verdadera base de la igualdad de la sociedad. El derecho a vivir mejor que antes, es un derecho genuino de todo ser humano. Ya basta de improperios y atropellos por serle fiel a una concepción de país que no merecemos. Solo basta pensar en que, los vencedores de ahora no disfrutaran del triunfo ante los derrotados porque la dignidad del caído no se vence ni se negocia ya que el vencedor sin dignidad siempre será el derrotado.

Jamás pensemos en la omnipresencia y en la plenipotenciaria condición de un solo hombre como único garante de nuestras luchas por la igualdad y la justicia. Todo lo contrario, desconfiemos de quien desea manejarnos a su antojo, porque de él se desprenden los más oscuros deseos del poder por el poder mismo, siendo esta condición, la más cruel manipulación y explotación que las sociedades  han tenido en su historia.

Desarrollar un nuevo concepto de cultura democrática, debe surgir de la elaboración de un plan nacional con reglas claras y permanentes que reflejen el modelo de país que se desea construir, de eso se trata la constitución de un país. Pero esta, a la vez, no puede privilegiar a grupos ni sectores con mayoría circunstanciales. Debe siempre responder a objetivos de gran país, tales como, plena libertad de pensamientos, garantía de una justicia sin compromisos particulares, respeto y defensa de las minorías y el rendimiento de cuentas claras sobre el manejo de los recursos que se traduzcan en beneficios para todos en general.

Estos objetivos, solo se logran con una independencia plena de los poderes del estado y nunca con el estado controlando los poderes. El estado somos todos, el gobierno es un empleado del estado. El presidente jamás será pueblo, pueblo es quien lo elige como su representante ante el estado.

El principio de alternabilidad en el poder, garantiza que los gobernantes elegidos por el pueblo, rindan cuentas por su gestión, ante contralores independientes dejando la sanción o absolución, a los administradores de justicia. De allí la importancia de ese principio. La aceptación de la reelección indefinida solo sirve de vehículo a las más grandes manipulaciones para esconder, eternamente, ineficiencias, corrupciones y atropellos. El hecho de que un gobernante haya realizado una buena labor de gobierno en el lapso que se desempeño, debe ser visto como ejemplo a seguir por los futuros gobernantes y jamás dar la oportunidad que, esa buena labor, le otorgue el derecho a seguir gobernando eternamente. Lo que es eterno, es el país, nunca el mandatario. La anarquía nunca nace del pueblo sino de los gobernantes que piensan en ser los dueños del pueblo.

Para tener una clara visión del país que deseamos, bastaría con formular unas preguntas básicas, que el pueblo debe evaluar ante la gestión de su empleado:

¿Se ven reflejados, en su entorno socio-cultural, los recursos manejados por el gobierno, en una mejor calidad de vida para su comunidad?    SI—   NO—

¿Existe el derecho a la seguridad personal o jurídica ante la administración de justicia y los encargados de llevarla a cabo?    SI—   NO—

¿Han aumentado los conocimientos tecnológicos que permitan una mayor independencia económica del país y beneficiarnos de ellos, a corto y mediano plazo?   SI—   NO—

¿Siente que eres propietario de tu esfuerzo y de tu trabajo, sin el temor de perderlo por la ambigüedad del gobierno?   SI—   NO—

¿Participa de los beneficios, que el país ofrece por sus recursos naturales y su sana distribución para todos, con igualdad de derechos?      SI—   NO—

¿Puede expresar abiertamente lo que siente y piensa de la gestión del gobierno, sin temor a represalias de ningún tipo?   SI—   NO—

¿Piensa usted, que la injerencia en asuntos internos de otros países elevan el nombre de Venezuela como país libre y democrático?   SI—   NO—

¿Confía en la buena administración de los recursos de nuestra principal fuente de ingresos y en la justa distribución de sus beneficios?   SI—   NO—

¿Se respetan las decisiones o consultas electorales para elegir los representantes municipales o estadales en busca de mejores alternativas de gestión?   SI—   NO—

¿Se informa el destino de los recursos que se invierten en las tierras confiscadas, en las industrias nacionalizadas y en las expropiaciones a centros de producción?   SI—   NO—

¿Siente que mejoraron los beneficios de los trabajadores, con los nuevos sindicatos bolivarianos, como  dependencia del partido de gobierno?  SI—   NO–

¿Ha visto que los países beneficiados, por la generosidad de este gobierno, han contribuido en el desarrollo interno de Venezuela?   SI—   NO—

¿Cree usted, que el trabajo que realiza la asamblea nacional, es fiel a la representación genuina de todos los venezolanos?    SI—   NO—

¿Funciona realmente el Poder Popular para la Defensoría del Pueblo, en proteger a los ciudadanos ante los atropellos del gobierno?   SI—   NO—

¿Confía plenamente en el Poder Popular Electoral y en su verdadera independencia y transparencia?   SI—   NO—

Si de estas quince preguntas elementales, usted respondió negativamente menos de 7, entonces, usted no es el jefe de su empleado. Si respondió afirmativamente más de 8, usted es un fanático de su empleado. Si respondió todas negativamente, cambie de empleado inmediatamente, porque  le están robando su país y no se da cuenta.

En cualquier caso, el  ser indiferente a los acontecimientos que se desarrollan en la Venezuela revolucionaria, no nos exime de la responsabilidad que tenemos ante la historia para cambiarla.

La criminalización de la disidencia, no es más, que una nueva forma de dominación de masas que aplica y desarrolla el gobierno, en todas sus instancias, para aspirar el mantenimiento del control absoluto de los venezolanos y sus bienes de producción, ya que otra forma de expandir riqueza y bienestar, serian vistas como enemigos de la revolución, por ser elementos de comparación contrarias a los que el régimen pueda generar.

De allí, que si aspiramos un verdadero desarrollo cultural, acorde con los principios naturales del venezolano, debemos comenzar por reconocer, que los acontecimientos que han rodeado la instalación de este proceso, han sido marcados con influencias culturales extrañas al sentir del venezolano en su historia y por lo tanto, están destinadas al fracaso.

 

AGRADECIMIENTOS:

A mi esposa e hijos, por la paciencia de tolerarme y nunca explotarme en estos tiempos, revolucionariamente difíciles.

A mis hermanos, sobrinos y demás familiares, porque sin su ayuda, Elecentro, Hidrocentro, CANTV y demás servicios básicos me habrían borrado de su lista de usuarios.

A mis amigos, que me recuerdan siempre, que una palabra de apoyo en tiempos de escasez, vale más que un pollo de Mercal.

A los diputados  de la asamblea nacional, por  crear nuevas formas de “jalabolismo”, nunca vistas anteriormente para preservar  puestos de trabajo, sin ser responsables ni eficientes.

A venezolana de televisión y en particular a su programa estrella “La Hojilla” por ayudarme a apreciar y a entender la cultura revolucionaria, para nunca permitir que me suspendan el servicio de televisión por cable.

Al presidente de PDVSA, que encontró la forma de cambiar el color del petróleo, de negro a rojo, sin importarle, que sea la sangre de la empresa que tanto costo para ser nuestra.

A la fiscal general de la república, por criminalizar la libre expresión, si esta es manifestada por cualquier otro medio, que no sea el telepático.

A la presidente del tribunal supremo de justicia, por manifestar públicamente, que es tan poderosa y peligrosa como Lina Ron luego de un “Alo presidente” en época electoral.

Y sobre todo, al presidente Chávez. Sin su aporte, jamás hubiese descubierto que, la paja que habla y la que piensa, me inspiraron a escribir la paja que pienso de él  y de su revolución, por ser el mayor hablador de paja en toda la historia politica de Venezuela.

 

José Gabriel Acosta Gil.

 

 


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